dijous, d’octubre 08, 2015

Vuelve a ser tú misma

1. Piensa en tu ideal. ¿ Cómo te gustaría ser si fueras perfecta o la mujer a la que aspiras ser? Despúes escribe el ideal que crees que tiene tu padre sobre su mujer. Observa las diferencias y similitudes y pregúntate hasta qué punto has estado tratando de cumplir su ideal y qué has perdido o ganado con ello.

2. Acéptate. Empieza a abandonar tu pretensión de perfección. Somos personas que algunas veces hacemos las cosas bien y otras no.Todos tenemos partes que nos gustan y otras que no.

3. Haz una lista.Escribe las caractériticas de personalidad de tu padre con tantos adjectivos como puedas: alegre, agable, exigente... Haz lo mismo con las de tu madre y las tuyas, y comprar las tres listas. Observa ahora con quién coincides más. Si tienes mucho más de uno que del otro, quiere decir que te has identificado con uno de los dos.

4. Detecta los opuestos. Fíjate en si alguno de tus rasgos más destacados representa la definición contraria a como son tus padres, pregúntate si los has elegido conscientemente y si esa característica te está resultando útil en la vida.

5. Valora lo positivo. Cuando nos identificamos exclusivamente con el padre , perdemos la posibilidad de valorarnos como mujeres y llegar a serlo con plenitud. Si es tu caso, trata de ver cuáles son las características positivas de tu madre- que seguro que las tiene- e intenta encontrar esos rasgos en ti. Intenta determinar qué te has exigido para ser como él y cómo sería empezar a aceptarte con tus propias virtudes.

6. Cree en tu poder. Las características que tenemos son herencia de nuestro padre y nuestra madre y no podemos renegar de ello. La clave  es darse cuenta de lo que es no nos condiciona: lo que cuenta es lo que hacemos después con ello.

7. Visualiza la reparación. Imagina a tus padres ante ti y agradéceles lo que te han dado. Si te resulta dificil, piensa que gracias a lo que te dieron , sea positivo o negativo, has llegado a ser lo que eres. Tambié devuélves lo que te entregaron y no te correspondía. Di en voz alta lo que se te ocurra. Si tienes que llorar, hazlo; si quieres gritar, grita; si te sale rabia, déjala brotar ... A partir de ahí ya podrás ocupar tu sitio como hija de tus padres.
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